Miguel Donoso Pareja, un escritor para aprender a escribir

Miguel Donoso en el 2014. Foto: Andes

Miguel Donoso en el 2014. Foto: Andes

¿De cuántas formas se recordará a Miguel Donoso Pareja? Porque si todo lo que imaginamos es cierto, muchos escritores latinoamericanos hoy, en el día de su fallecimiento en Guayaquil a los 83 años, teclearán unas palabras para recordar su experiencia de talleristas o lectores, con él de facilitador o maestro… y borrarán, cortarán y quizá incluso descubran que no es necesario escribirlo. Es decir, lo tendrán muy presente, como probablemente durante toda su vida de escritores o artistas lo han hecho.

Miguel Donoso Pareja (1931-2015) fue un escritor que enseñó a releer lo escrito. Vivió una vida repartida entre Guayaquil y México. Barbas negras que se transformaron en blancas como un sello de vida.

Alguna vez se le preguntó en el 2002, cuando se lo homenajeó en un encuentro de talleristas en el ágora de la Casa de la Cultura de Quito, por qué escribía. Su respuesta, con voz suave, fue: “Para que me quieran”.

Quizá las palabras de uno de sus talleristas, Damián Matailo, den fe del cariño que efectivamente muchas personas le tenían: “Miguel, a Miguel lo quiero mucho, representó para mí el orden, más que a escribir, me enseñó a leerme. De vez en cuando lo visitábamos, le llevábamos uvas o pie de limón. A uno le daba gusto consentirlo”.

Narrador y Tallerista

Implacable editor de los textos de sus talleristas y riguroso en el uso de narraciones, destacó en varios géneros. Su cuento más mencionado es Krelko, aquel cangrejito de mar que te llevará hacia más de una contemplación. Poseedor de la historia de Tyrone Power, donde es inevitable sentir al Barcelona de Guayaquil, y darse cuenta de que el escritor es un conocedor de su ambiente.

Por ello su ensayo Ecuador: Identidad o Esquizofrenia (editado por Eskeletra, 2004) constituyen unas páginas fundamentales para reflejarse sin aspavientos como ecuatorianos, donde hay una suerte de “identidad nacional esquizofrénica (que) puede llevar a un país a su disolución, a desmoronarse, a caerse a pedazos”. Así, pese a dejar señaladas actitudes muy comunes en los habitantes del país, especialmente serranos y costeños, ve sin embargo en el auto reconocimiento franco la forma de integrarse al mestizaje tan amplio que conforma Ecuador, donde caer en generalidades es rebotar en puntas de doble filo cuando “son más las cosas que nos unen e identifican que las que nos separan y desdibujan”.  Miguel_Donoso

Como retratista de la ecuatorianidad su ensayo se complementa muy bien con el de Jorge Enrique Adoum, Señas Particulares (Eskeletra, 1997).

Su vida mexicana

Hace unos meses fue reconocido por el Fondo de Cultura Económica de México (FECM) por su trayectoria. Allá vivió 18 años, ya que le tocó alejarse de Ecuador por razones políticas.

En aquel país dictó muchos talleres, por ejemplo a Juan Villoro, laureado escritor mexicano, quien fue tallerista de Donoso por cuatro años -empezando a los catorce- recibiendo un trato serio de escritor que terminó convirtiéndose en gran amistad y agradecimiento. Por lo general en los talleres Donoso pedía a sus pupilos que al leer sus propios textos se desprendan de ese sentimiento de autoría y verlo como ajeno para identificar sin apego su funcionamiento o no. De ese modo al criticarlos, más que el estilo y la forma, lo que se moldeaba era su fondo verosímil y funcional sin cohibir la imaginación.

 Para quienes deseen dar un recorrido ritual y decirle adiós, Donoso será velado en el camposanto Parque de la Paz (Samborondón), ubicado en el kilómetro 13 1/2 de la vía León Febres Cordero. Al mediodía de este martes será la misa y en la tarde su cuerpo será cremado.

la tercera es la vencida

Repasemos otros títulos de sus obras:

Cuentos: Krelko (1962), El Hombre que mataba a sus hijos (968), Lo mismo que el olvido (1986), Todo lo que inventamos es cierto (1990), “La mutilación” Antología personal (1996).

Novelas: Henry Black  (1969), Día tras día (1976), Nunca más el mar (1981), Hoy empiezo a acordarme (1994), La muerte de Tyrone Power en el Monumental de Barcelona (2001), A río revuelto (2001).

Poesía: La mutación del hombre (1957), Los Invencibles (1963), Primera canción del exiliado (1966), Cantos para celebrar una muerte (1977), Última canción del exiliado (1994).

 

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